La serie sobre Diomedes, ¿la masacre de un ídolo?

A propósito de la serie que se empezó a retransmitir este lunes 9 de abril

No es la historia de Diomedes Díaz Maestre, sino el resumen de su decadencia, en donde su memoria no contaba los pasajes con la fuerza de la verdad y con la mala fortuna de que los investigadores de la propuesta audiovisual se quedaron con una sola versión.

A lo largo y ancho de la geografía nacional, las regiones han tenido sus canales y a través de ellos han podido mostrar sus construcciones pasadas y actuales, en las que se han visibilizado sus  fortalezas y debilidades, se han presentado los rostros de la diversidad y se han planteados tal y cómo son, sin blanqueamientos o falsas caricaturas que se  realizan desde ese gran centro de poder capitalino, en donde los medios manejan todo a su antojo.

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Por eso, la mayoría de las series que sobre el Caribe se han hecho, padecen graves problemas de lenguaje. No es raro encontrar a mujeres y hombres de esa región, masacrando ese lenguaje específico, sin que nadie diga nada y lo más triste, poco se hace para cerrar esa triste realidad.

Con contadas excepciones, como la serie elaborada sobre Rafael Escalona, el Caribe con su lenguaje, sus saberes y decires, ha sido mal desarrollada cuando de trabajos televisivos se trata. Por citar, las vidas de Rafael Orozco y de Joe Arroyo fueron tratadas sin la fuerza y realidad que merecían los aportes realizados por cada uno de ellos.

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Todos esperábamos que la serie sobre Diomedes Díaz Maestre, realizada por RCN Televisión,  pudiera convertirse en una historia bien contada, pero ante todo concebida por los libretistas sobre la vida artística y humana que un personaje como él desarrolló. Tamaña sorpresa la que se recibió en la región Caribe, todos los seguidores que en Colombia y el mundo logró tener el cantautor vallenato, al ver cómo se toma de manera irresponsable, la vida de alguien que ya no vive y no puede defenderse, basado en que “él les contó su vida y que fueron a diversas fuentes” y sobre esa base construyeron una historia, que en vez de mostrar en forma seria los altos y bajos de un artista, se dedicaron a masacrar todas sus fortalezas.

No es cierto ni lo será, apreciados libretistas ni director de contenidos, que Diomedes Díaz Maestre comenzó en el túnel sin salida que propicia la droga a temprana edad. Ahí empezó a flaquear la historia, en la que quienes estuvimos cerca durante su adolescencia y juventud, podemos decir que no fueron serios narradores de algo y que esa narración no concuerda con la verdad.

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Debo anotar que no había necesidad de recurrir a la ficción, instrumento que de manera recurrente hacen uso, para explicar lo que nunca tendrá asidero en la vida de un personaje que como Diomedes Díaz Maestre no era un hombre dedicado al inicio de su carrera artística, al vicio ni tenía desajustes mentales frente a las mujeres y al alcohol.

Lamento que ustedes, no fueron a los inicios de ese juglar de la música vallenata y se dejaron montar un sanedrín liderado por Joaquín Guillén, un hombre que manejó un tiempo importante en la vida de ese artista, pero que no lo representó en su totalidad. Antes que el mencionado vendedor de bailes o mánager, como suelen decir, apareciera hubo otras personas que ayudaron a moldear con acierto y errores, los caminos de la vida artística de Diomedes Díaz.

Cuando Díaz Maestre llegó a la vida del mencionado mánager, tenía éxitos y ya los escépticos empezaban a darle crédito a su ascenso. Es más, los más grandes hits del artista no los construyó al lado de este personaje al que, según la serie, le faltó hacer la labor maternal que solo Elvira Maestre Hinojosa pudo hacer.

Si bien es cierto, que éste es uno de los talones de Aquiles en la serie sobre el cantautor vallenato, no lo es menos que existen otros desaciertos. Primero, el desorden musical que aparece en la serie, tanto en el cabezote como en lo incidental, es visible. No es posible que siendo Diomedes Díaz Maestre un consumado creador con más de cien obras de reconocida factura, no se haya valorado como autor. Si la serie lleva su nombre, por qué el cabezote no fue Bonita, Mi muchacho, Cariñito de mi vida o Te necesito, por citar unas de las tantas que hizo para su gente, sino que saturaron hasta el cansancio a la audiencia con una obra como Tu eres la reina de Hernán Urbina Joiro, que no es la indicada para asumir ese rol, si se trata de hablar de la vida del cantor como autor/compositor reconocido.

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Esa falla de no fortalecer la historia con el gran valor agregado de su obra, demuestra que el equipo de libretistas y el musicalizador, estaban desvertebrados. Eso de hacernos creer que “una mentira es verdad”, al plantear al hombre de la música vallenata como un degenerado en el alcohol desde niño, eso sí que es perverso.

Diomedes Díaz Maestre tuvo una infancia y juventud con muchas limitaciones, pero no fue un desarraigado como lo muestran. Su contacto con los indígenas de Potrerito, lugar cercano a la Junta y a Carrizal, con quienes sostuvo un canje comercial permanente, que demuestra su lucha permanente para ayudar a su familia y salir adelante. Los padres del cantor, gente humilde como lo son todos los progenitores de los valores de la música vallenata, lucharon por la unidad familiar, los principios y valores que en esa región son básicos.

Ahora se les ha dado a los libretistas andinos por argumentar que la región machista de Colombia es la Caribe, especial La Guajira, a la que presentan como una tierra de salvajes, que los únicos que le pegan y tienen varias mujeres, son los hombres de esta zona, sumado a la mal intencionada visión de que la única música que es esencialmente machista es la vallenata, aseveración que refuto: “ya que no hay en América, una muestra musical que eleve el valor de la mujer como la nuestra”.

¿Ustedes creen que así era el padre de Patricia Acosta Solano o el de Diomedes Díaz Maestre? Claro que no. Esa mala caricatura que mostraron del Negro Acosta Hinojosa y Rafael María Díaz, nos hace sentir pena ajena. O de un Jorge Oñate poniendo a hacer labores femeninas a Diomedes Díaz Maestre demuestra que la investigación no fue seria.

Como la droga, la vida sexual desquiciada y el grado elevado de alcoholismo del cantautor, se comió la buena historia que se puede contar sobre él, nos lleva a la siguiente reflexión, ¿en qué momento él compuso y canto esa obra?

¿Qué nos queda por ver? A un Diomedes Díaz Maestre, ¿masacrado?, ¿mancillado?, ¿desaparecido? En la serie la mentira tiene más valor que su obra artística, hecho deducible al mirar las escenas de “un pluma blanca”, “su manager Guillén”, “prostitutas alcohólicas”, “media Vaca”, “Jibaros”, “Celestinos”, personajes que se volvieron fundamental en su vida, con tanta fuerza que los libretistas le dieron por encima del valor humano y artístico que él nunca dejó de tener, pese a su final decadente.

Recuerden que ahora viene un pasaje triste en la vida del cantor, como lo es la muerte de Doris Adriana Niño, mujer que no fue asesinada por Diomedes Díaz Maestre, sino por ese entorno fatídico que siempre le rodeó y él, por faltarle fortaleza moral, se dejó enredar en una historia que se sumó a otros hechos lamentables como la muerte de su tío Martín Maestre Hinojosa; la despedida de Patricia Acosta Solano, la mujer que más amó y musa de muchos cantos; la desaparición de Juancho Roís Zúñiga, quien fue el único acordeonero que se preocupaba cuando el cantor andaba en desorden.

Acompañé a ese acordeonero en más de una ocasión a buscarlo durante sus días oscuros. Cuando lo encontrábamos, el único que se atrevía a regañarlo era Juancho Roís, y el cantor se molestaba. Luego, el tratamiento que vivió por parte de Betsy Liliana Díaz, quien lo cuidó hasta donde sus fuerzas lo permitieron, al final claudicó después de ocho meses en donde evitó de mil maneras, que los “malos amigos” le metieran droga a donde estaba recluido. Al irse de su lado, perdió el norte, ya que él se había enamorado de ella.

Todo eso, más el Guillen-Barré, llevaron al artista a vivir con unas pocas ganas de continuar. Sin embargo, pudo grabar un producto musical, en el que demostró el porqué de la grandeza artística que siempre le acompañó. Debo advertir, en aras de la verdad, que Diomedes Díaz Maestre se empezó a perder desde 1982, cuando dejó que su entorno lo manoseara y manejara su agenda de vida. Ahí perdió protagonismo su familia, a la que le faltó más solidaridad y firmeza frente a su disímil comportamiento, a los amigos de verdad, que fuimos aislados con la complicidad de él, por ese sequito que convirtió su vida en una carnicería humana.

Todos tenemos una gran responsabilidad en la vida de Diomedes Díaz Maestre, ¿cuál es la de RCN?, el canal que llevó a través de una historia mal construida, pobre en el lenguaje de sus personajes y con una óptica muy reducida. No era la historia de Diomedes Díaz Maestre vital, sino el resumen de su decadencia, en donde su memoria no contaba los pasajes con la fuerza de la verdad y con la mala fortuna de que los investigadores de la propuesta audiovisual se quedaron con una sola versión, la de su supuesto mánager de toda la vida.

Soy un convencido, por lo que viví y conozco de la vida de Diomedes Díaz Maestre, de que él no necesitaba que novelaran su vida, ya que la misma es una novela, por lo que faltó a los libretistas fue recoger esos grandes pasos del sentido común, que a veces también perdió el cantor campesino de Carrizal.

Esa historia pobre y ante todo mal contada cierra de mala manera la vida de ese personaje malogrado que fue Diomedes Díaz Maestre, un muchacho bueno, que nunca aterrizó y quien siempre creyó que solo su talento le bastaba para todo.

Lo cierto es que su obra permite mostrarlo como el compositor, cantante, verseador, que lo llevó a convertirse, en uno de los más completos artistas que ha tenido el vallenato, sin dejar de comentar, que a todo eso mismo fue lo que terminó derrotándolo. Dejo en manos de terceros su suerte económica, social y moral. Ellos siempre fueron más pequeños que el talentoso artista guajiro, y contribuyeron a destrozar todo lo construido por él mismo, no solo en su grandeza musical sino también en lo humano.

Por: Félix Carrillo Hinojosa

 

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